Galería de fotografías haciendo click acá por Gregorio Bjerring @gregoriobjerring

“Nací el veintiuno en primavera
y no sabía que nacer loca,
remover la tierra pudiera
desencadenar tormenta”

Alda Giuseppina Angela Merini

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Sylvia Plath

Anne Sexton (1928-1974). Poemas suyos como “Querer morir” parecen ser una profecía autocumplida: “Me preguntas pero casi nunca puedo recordar. / Yo camino con mi ropa, impoluta de ese viaje. / Luego, el deseo casi innombrable vuelve. / Incluso entonces nada tengo contra esta vida. (…) / Pero los suicidas tienen un lenguaje especial. (…) / Los suicidas ya han traicionado al cuerpo. / Nacidos muertos, no se matan siempre, / pero deslumbrados, no olvidan una droga dulce, / tan dulce que hasta los chiquillos mirarían y sonreirían. / La muerte es un triste hueso, magullado, me dirías, / y, no obstante, ella me espera, año a año”.

Ante el suicidio de Sylvia Plath, Anne Sexton sentenció: “esa muerte era mía”. Esta poeta estadunidense, que vivió acechada por los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos, también encontró en la poesía una acompañante.

Ahora me convierto en mí. Está
llevando tiempo, muchos años y lugares.
Me disolvieron y agitaron,
usé la cara de otra gente,
corrí como loca, como si el Tiempo estuviera ahí,
tremendamente viejo, gritando su advertencia,
«Apurate, o te vas a morir antes de-»
(¿Qué? ¿Antes de alcanzar la mañana?
¿Antes de que esté claro el final del poema?

May Sarton

«¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo? El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás. Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.»

Alejandra Pizarnik

Humanaria es un libro a dos voces, dos poetas escriben solas en sus cuartos, solas en el encierro pandémico, una le contesta a la otra y trazan en el aire un poema juntas para salvarse de la soledad del mundo. A partir de una fotografía de Sara Fascio comienza el ritual: la imagen presenta mujeres diseminadas en el patio de una institución psiquiátrica, todas de blanco como fantasmas susurrando un lamento.verso a verso se desatan las voces de ellas y de todas las voces que aúllan en la noche psiquiátrica el dolor de la locura.

Patricia Cuscuela y Ana Clara Chirdo son las autoras alquimistas de este poemario que transforma las desgarraduras en belleza, la supuración de la mordida del inconsciente en poesía. 

No es fácil escribir poemas de amor, tampoco lo es para una actriz representar la risa, la locura sin caer en gestos cristalizados, en metáforas cansadas, retóricas y gestualidades del sufrimiento.

Ellas logran escribir poemas excepcionales sin tropezar con lugares comunes y escribir una literatura política que hace temblar a los discursos institucionalizados, patriarcales, esclerotizados de esta cultura neoliberal y antipoética.

Cuantas veces me dijeron, te dijeron, nos dijeron: estás loca, qué hacés loquita, locurita, me vas a volver loco, me volvés loco, looocaaa, esto es una locura y me pregunté, te pregunté, nos preguntamos a partir de estas naturalizaciones del habla corriente para hablar del miedo, del amor, de las mujeres: ¿estaré loca? o le preguntamos a nuestra psicóloga -psiquiatra ¿seguro que no soy una psicótica como mi madre o bipolar como mi padre? ¿la locura es hereditaria?

Patricia y Ana disparan al corazón de este monstruo parlante que controla el deseo y escriben juntas, arman diálogos en el aire, y escriben juntas para desanudar las manos de aquellas subjetividades olvidadas, desclasadas, presas de las invasiones narcotizadas. Las poetas juntas escriben Humanaria, es decir que escriben una lírica biopolítica que denuncia la violencia sobre los cuerpos que ejerce ominosamente el aparato neuropsiquiátrico, neuropsicopático, neurocienciautomatizado, aparato médico asistencial estatal privado capital económico en brote psicótico, esquizoide, contemporáneo en el que habitamos todxs sin excepción.

Ellas saben que la poesía repara, ayuda a la cicatrización de las heridas más hondas, Saben que la música del poema se escucha para aliviar los terrores, las grietas del desamor, la pesada piedra de lo real que dobla nuestra espalda. La poesía es melodía -lamento -alivio fugaz pero necesario como la respiración.

Si Holderlin encuentra en la locura la esencia de la poesía, Humanaria encuentra un reflejo posible a través de las fotografías que acompañan los textos, una traducción que hable de y por los subalternos. Ellas y sus cuerpos están en las fotos, ellas y sus cuerpos están en el cuerpo de la escritura, ellas saben que entrar en la experiencia de la poesía es un paso peligroso en el que hay que poner el cuerpo y sus sombras, saben que el acto poético es urgente e inevitablemente bello.

Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesta su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza—
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
—¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.

Antonio Machado

Continuando el poema de Machado llamo a la reflexión: es fundamental y de eso se encarga Humanaria, que de los locos sueltos escriban lxs poetas para que haya justicia poética y de los cuerdos vivos el Poder Judicial que no es lo mismo.

Eugenia Straccali