Canto anfibio

Una lectura de Hueva, de Jorgelina Sánchez

Por Yanina Aurora

El último libro de poesía de Jorgelina Sánchez propone dos aristas de originalidad que impactan a primera vista: la explicitación del diálogo poético con Susana Thénon (1935-1991) y el formato editorial a cargo de Vuelo de Quimera. El diseño de arte de esta edición digital, con ilustraciones y prólogo del artista Leonardo Massari, crea un efecto de proximidad con el objeto, semejante al de tocar el libro con nuestras manos ¿Qué más desearíamos en esta coyuntura de pandemia, cuando es preciso refugiarnos de forma exclusiva en el universo virtual? Y así como el deseo no cumplido es lo que moviliza nuevas búsquedas y mantiene vivo el fuego, en ese territorio nos sitúa la experiencia de lectura de Hueva: todos queremos saber quién es esa mujer, la sobreviviente, la que canta.

Recordemos que Ova completa (1984) es un libro bisagra dentro de la historia de la poesía argentina y de la tradición poética feminista latinoamericana. Thénon pone en evidencia la farsa social que sustenta y convalida a las instituciones patriarcales; las coordenadas entre lo personal y lo político estallan e iluminan la lectura. La cultura occidental se sustenta en la estructura binaria propia del signo lingüístico: significante/significado, hombre/mujer, civilización/barbarie, blanco/negro, rico/pobre, arte/ciencia cordura/locura, salud/enfermedad y la lista podría seguir. Construimos nuestro sistema de creencias en base a dicotomías estructurantes. Es ese sistema y la integración de los contrarios una de las lecturas posibles sobre las que indaga Ova completa. Allí se mezclan registros lingüísticos, tipografías, neologismos, el castellano y el inglés, la ironía, el humor, cultura letrada, cultura popular: “en Ova trato de poner el caos bajo un pseudo-orden, que no es orden ni es nada: es caos maquillado, desplazado”. Ese caos instala la pregunta ontológica integrando lo desplazado, lo silenciado, lo otro, la otra. Y es en este punto donde Jorgelina Sánchez va a desplegar su propia indagación, a las luces de la poesía de Susana Thénon.

A partir de la etimología de la palabra “hueva”, la voz lírica se sumerge en un flux de la conscience, y asienta la red semántica sobre la que va a sostenerse el cuerpo textual: una materia húmeda, flexible, generizada y política. “Una muerte real y un nacimiento metafórico es lo que define la poesía de Jorgelina Sánchez”, afirma Massari. El nacimiento metafórico del sujeto lírico está marcado por la pérdida de su doble, la hermana, la que pudo haber sido y no fue; es la sombra, la otra cara de la luna, la falta que pulsa el canto de la sobreviviente: “a una la vistieron de regalo/salió del quirófano con el pujo,/llevándose la alegría y el dolor/la otra, se quedó dormida,/cordón-metáfora,/sobre un damero que apenas distinguía/los golpes sobre la bandeja metálica/pinzas, espátula/bisturí/eran campanadas/celebrándola”. Nacimiento y muerte son anverso y reverso del mismo instante traumático. La articulación con los versos de Thénon resuenan en esa dirección: “la vida por delante, la muerte por delante/y ambas por los costados/por arriba/y por adentro”.  A partir de este poema liminar, la voz lírica indagará en torno a los orígenes de la vida y a las posibilidades del lenguaje como medio de expresión fiable de los sentidos.

El cuerpo de Hueva se metamorfosea en las penumbras oceánicas: “soy el pez fuera del cardumen”, “soy toda membrana”. Su canto es anfibio, a veces su hábitat es líquido: lluvia, agua, mar, sangre, barniz, océano, savia, y otras veces emerge y toca la luna: el astro que rige la danza ascendente o descendente de las aguas, espacio de gestación de la vida y de la poesía: “la poesía llegará con el agua” o “valva que trae la marea/poema”, afirma la voz detrás de sus escamas, que brillan en la oscuridad. Su canto es anfibio porque es preciso sumergirse para escuchar, entre paredes de agua, el latido de la vida que vendrá. 

Lo que vendrá, desde el mar, es el lenguaje: “y aunque pronuncies mal/igual te entienden”. La voz de Thénon incita la escritura de la voz que antes solo cantaba, pero que ahora también celebra: “puedo escribir sobre la arena”. Pero el lenguaje no es de fiar. Las palabras no son la realidad, sino su representación: “Lenguaje y mito son vastas metáforas de la realidad. La esencia del lenguaje es simbólica porque consiste en representar un elemento de la realidad por otro, según ocurre con las metáforas”. La poeta que celebra los días y las palabras reflexiona, al final de su discurso, sobre la engañosa identidad entre las palabras y las cosas: “cierro los ojos para saber/qué hay de cierto en las palabras, /en las cosas, en lo que perdí”. Quizás en el punto intermedio entre logos y res se encuentre, justamente, la poesía, que no pretende ninguna verdad estable ni definitiva, sino simplemente, dejar constancia del ser que se interroga (“¿y esa mujer?”) más allá de los bordes de lo ya dicho y estructurado binariamente en el lenguaje. 

Con Hueva, Luces a la poesía de Susana Thénon, Jorgelina Sánchez emprende una búsqueda hacia el origen de las palabras que nos nombran y encasillan. Allí donde lo poético es político, emerge su canto iluminado.