La poética de María Mascheroni

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María Mascheroni. Buenos Aires, Argentina, 1958.  Poeta, psicoanalista, editora.

– Ha publicado en poesía: La inevitable curva (Botella al mar, 1997); Impaciencia de la sed (tsé-tsé, 2001); Jardín ( tsé-tsé, 2004), El cansancio de los hijos (Hilos editora, 2011), Hierba sobre el mundo castigado-Colectivo poético involuntario (Hilos editora, 2017) en coautoría con Teresa Arijón.

– Integra el Consejo editor de Hilos editora desde su fundación en 2010. Y está al cuidado de su imagen editorial y arte de tapa junto a Dolores Etchecopar.

– En 2015 recibió el Segundo Premio Municipal  (bienio 2010-2011)por su libro El cansancio de los hijos.

– Codirige la Colección .55.65 junto a Teresa Arijón, que reúne antologías individuales de poetas argentinos nacidos entre 1955 y 1965, publicada por Hilos Editora.

–  Ensayos breves publicados: Un catálogo de lesiones (sobre “La comedia de los panes” de Laura Klein, en Poetasdelmundo, 2011) y Consenso inútil (en “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Diez miradas diversas sobre poesía y muerte”, Ruinas Circulares, 2015).

– Fue creadora e integrante con otras poetas y artistas del Colectivo de Acción poética El pez que habla. Y formó parte del espacio Santo Cielo dedicado a la poesía y aledaños.

. Integra la Carpeta 03. Hojas de poesía. Editadas por la Fundación Nancy Bacelo en 2016 en Montevideo, Uruguay. Cada carpeta contiene siete poemas de siete poetas de las Américas convocados por la curadora Silvia Guerra.

– Coordina los talleres de pensamiento, investigación y acción poética Martes intenso.

 

Poesía: “La pradera abierta e insomne”

Entrevista a María Mascheroni

por Eugenia Straccali

. Con qué escritores / as o artistas o textos del presente dialoga tu poética? Por el contrario, ¿escribís contra determinadas tendencias, programas o líneas de nuestra literatura?

          A veces tengo que ir contra mi pereza para avanzar. Me vienen versos sueltos, inicios de poemas que sé que serían una provocación de escritura, y ni siquiera los anoto -como si alguien me hiciera un llamadito y yo lo desoigo. Y cada tanto me pongo contra eso, contra ese desoír. Si entro, ya no puedo salir del todo, ya me quedé adentro, como si hubiera un pequeño país paralelo donde quedarse, donde habitar, un llamado que me devuelve cierto ser parte de algo.  Cada vez que sucede, aún con su zozobra, agradezco. Algo que me produce bastante temor; como si la alienación fuera más tranquila, más segura.
          Nunca se me ocurriría escribir contra algo…. poesía digo, salvo que le llame “contra” a remontar esa pereza. A sortear mi temor. O a destruir una manera del decir para acceder a otro decir que devuelva sinrazón, presencia, vacilación.
          Ahora bien, respecto del diálogo: cuando se dice que algo dialoga con otra cosa se dice que tiene algún tipo de relaciones con esa cosa. No se está hablando necesariamente de una conversación entre A y B, se habla de relaciones y encuentros –quiero decir, relaciones entre textos, con un libro, una película, una frase, un verso. Estoy pensando, o leyendo, o en la naturaleza varios días, o escuchando una música permanentemente, o leyendo algo que me conmueve …. Eso está metiéndose en algo de mí y forma como una masa, una mescolanza. En la naturaleza de forma directa –el viento. Como un motor, un movimiento fuerte. O puede ser el río, o pájaros.
          No me preguntaste por eso, sino por producciones humanas. Diálogo no necesariamente con personas ni con humanos ni con visos de actualidad. Yo ando buscando algo que me provoque. Tomo y dejo. Hasta que algo me empieza a encender. Y me pone nerviosa. Como un entusiasmo coartado. Música o texto. Sé que ahí hay algo que está pasando conmigo. Música o texto o árbol especifico. Tengo una especie de tira y afloja con esa cosa un tiempo, me voy un ratito y vuelvo. Ahí pasa este asunto de la música, pero eso lo voy a contar después.

 

. ¿Cuál es tu mapa posible de mujeres poetas contemporáneas en el cual te incluís?

          Creo que me incluyo más por amor y afinidad, de un modo fluido. Al modo del mapa cambiante de mis recorridos, la poesía que me conmueve -o toca. o trastorna mi pensamiento- es la guía y no me siento perteneciente a un tipo de poesía en especial. Claro que tengo afinidad de gustos y lecturas con algunas poetas, muchas son amigas y con ellas nos encontramos a leernos, a escucharnos con rigurosidad e interés, a compartir hallazgos, conmociones. Hay varias amigas poetas con las que hacemos camino y sacamos chispas. Eso es una bendición.

 

. ¿Advertís cambios o novedades en el panorama actual de la literatura argentina, de la poesía? ¿Cuáles?

          Esa mirada englobadora del panorama de la literatura argentina yo no la tengo, nunca la tuve, ni de la actual ni de otros momentos. No es el modo como se me organiza a mí en el pensamiento ni en el gusto. Por otra parte, no tengo una lectura de narradores contemporáneos argentinos, lo cual es un poco una vergüenza. O sea que, además de no tener ese tipo de mirada, en el caso de la narrativa actual, ignoro.
          Respecto de la poesía, sí noto cambios. No sé cuándo empezaría el “panorama actual”. Por ejemplo, yo noto que a diferencia de lo que se llamó ”poesía de los 90”,  una poesía más narrada, menos lírica, época en la que hubo como un borramiento, una desvalorización de ciertos poetas que tenían un lenguaje más lírico, con una musicalidad distinta o con prevalencia de la imagen. Los últimos años se empezó a valorar nuevamente la lírica, eso a mí me alivia, necesito que haya algo al menos de eso. Y se revalorizaron algunos poetas. En los años 80 yo leía poetas que estaban muy en boga: Orozco, Molina, Madariaga y después dejaron de estar fuertemente en la escena, y no porque se olvidaran.  Y ahora hay un montón de jóvenes que están leyendo y posteando a esos poetas. Hubo como una censura del gusto. Como si hubiera habido modos de escribir que habían caducado.

 

– Reconoces líneas de parentesco o vínculos de tu propia obra con ciertas tendencias de la poesía anterior?

          No sé cuál es la poesía anterior. Y no lo digo como una ironía. ¿Qué sería?, ¿poetas mayores que yo generacionalmente? Mi madre me leía cuando era niña a Alfonsina Storni, a Juana de Ibarbourou y yo, más tarde, leí mucho a Orozco y Pizarnik, Celia Gourinski, Miguel Ángel Bustos, Viel Temperley, Molina, Jorge Smerling, Dolores Etchecopar, Girondo, Macedonio, Montale, Pessoa, Rimbaud, René Char, Michaux, Artaud.
          Yo diría que del mismo modo en que no puedo ver en mis rasgos, en mi fisonomía, el parentesco con mis parientes, – seguramente lo hay, pero si miro no lo veo-, sé que hay parentesco con lo que leí: poesía y narrativa, y con la música que escuché, pero ¿cómo se identifica ese vínculo?, es más fácil que lo vea otro. Y no se ven de la manera en que uno ve su rostro en el espejo. ¡A veces uno supone que ve su forma, su imagen, como la ven los otros…, no!, los otros ven otras cosas, ven lo que uno no ve, así como leen lo que uno no lee.
          ¿Como puedo yo decir en esa otra cosa cuales son las líneas o los vínculos de parentesco?, ¿cómo las puedo describir? están en ese lugar ciego, de ese salto, en esa apropiación, no deliberada, no es escribir contra ni por identificación. Si no la pregunta nos llevaría a incluirnos nuevamente en movimientos, en tendencias.
          Una cosa más: ¿parentesco es lo mismo que influencia? Cuando una lee a alguien y esa lectura le da ganas de escribir, como si hubiera una imagen de gran luminosidad que a una le genera una visión de luminosidad y luego al escribir oscureciera un poquito o aclarara o cerrara la puerta o no dejara pasar la luz. O la dejara golpeando esa puerta cerrada, adivinándola atrás. Esos interruptores. Esas líneas de parentesco y esos vínculos.

 

. ¿Crees que tus textos se pueden identificar por algún aspecto en particular?

          La verdad es que no sé qué identifican los otros, si lo hacen. Pero hay otras cosas que son una constante en mi poesía, que no se ven. Por ejemplo, que escribo a mano. Por ejemplo, que escribo con una música que escucho a repetición. Una o dos o tres temas – dos de los que escucho en este tiempo los comparto en este dossier-. Y hacen un efecto de pasaje, de motor, de trance tal vez, no alcanzo a saber qué efecto tiene esto en la cadencia o en el ritmo del poema. Operan a la manera de una puerta, un umbral, si quiero volver a sumergirme en lo que estoy escribiendo, escucho esa música. No se ve tampoco que en muchas oportunidades procedo por fragmentos que serán luego un poemario recién cuando lo sea, no preexiste en mis intentos primeros ese hilo que conduce, será encontrado más tarde cuando la escritura sea también composición, edición y por tanto otra escritura. Pero llega un momento en el que más que un hilo aparece un canto que tuerce y abusa del lenguaje para sus fines. Y lo que al inicio parecía perseguir se ha perdido o dejó de ser protagónico.

 

.  ¿Qué tipo de literatura te interesa?

          Podría contestar qué cosas me llaman a leer. Cuando las leo y sigo leyéndolas o por lo menos insisto en leer una parte varias veces, sé que me interesa. Hay cosas que tengo una sospecha previa que me van a interesar.
          O podría decir para empezar que cuando era pequeña leía como una especie de enfermedad, que leía todo el día, y en esa especie de no sé, de virus que tenía, entraba cualquier cosa. Porque yo leía de todo, de todo verdaderamente, porque leía revistas de poca monta mezcladas con colecciones sobre la vida de los mártires, Mark Twain, Bomba, el niño de la selva, El último mohicano, Corazón, una versión abreviada para chicos de Shakespeare. La máquina del tiempo.  Platero y yo. Un poco más grande, ya en la adolescencia, empecé a leer otras cosas, leía muchas novelas, leía biografías.
          Poesía en realidad comencé escuchando, más que leyendo, porque mi madre me leía poesía. Mi madre recitaba a Alfonsina Storni, a Juana de Ibarbourou, también algunos anónimos. Y también de chica nos llevaban a los recitales de Berta Singerman (una actriz y cantante nacida en Minsk, Rusia en 1901, nacionalizada argentina, que daba recitales de poesía y los teatros se llenaban, un público no de poetas, gente que amaba escucharla recitar. Continuó con sus recitales hasta 1980). Para mí la poesía era eso, era más para recitar, tal vez era más una música en ese sentido. A mí me encantaban los recitales de Berta Singerman. Yo creo que también eso era una especie de “enfermedad”, porque que a una niña le gustaran tanto los recitales de la Singerman es raro. No sé, supongo que no siempre comprendía qué quería el poema, su designio, sólo captaba su carácter de acontecimiento que lo distanciaba del habla convencional, aún menos comprensible tal vez para esa niña que era.
          Olvidé decir que mi papá escribía poemas: escribía poemas a los próceres, lo cual es una enfermedad, pero de otra índole. Y a mí no me gustaban. No comprendía cómo podían apasionarle los próceres de esa forma. No sé si ya no lo comprendía en aquel entonces o estoy imponiendo una impresión posterior que no fue la de mi infancia. Hete aquí que cuando estaba en cuarto o tercer grado me hicieron aprender de memoria un poema de mi papá a Sarmiento que tuve que recitar frente a toda la escuela, tengo la foto de mí recitando con ademanes. O sea que todo lo que se ligaba con la poesía tenía que ver con la oralidad, y con cierta música.
          Volvemos a la pregunta, a qué literatura me interesa ahora. Leo ensayos, es un género que me atrae, cuando se siente la vitalidad del pensamiento. Cierto juego. Cuando hay en ellos algún deseo de andar por las cornisas en el sentido de no tener que estar probando que hay tierra firme antes de dar cada paso. Me interesa leer filosofía, leo bastante a Deleuze, a Guattari; biología, anatomía -todavía me quedan resabios de la enfermedad infantil. También algunos textos ligados con la mística, El libro tibetano de los muertos, Eckart, leo a Simone Weill, un tipo de relación con los libros que me interesa. Esa relación casi oracular. De esa manera leía El libro del desasosiego de Pessoa o El oficio de vivir. El oficio del poeta de Pavese, el Libro de Monelle de Marcel Schwob. El lobo estepario de Hesse fue muy importante, y lo volví a leer hace no tantos años y me siguió pareciendo importante. Y otro fue Henry Miller, sus trópicos. Castaneda y su búsqueda de realidades diferentes. Yourcenar. Más grande Faulkner. Margarite Duras. Autores que me gustan mucho: Clarice Lispector, Flannery O Connor, Ray Bradbury, fue muy importante en mi vida, y hoy lo es. Vuelvo a leerlo y me parece una maravilla.
          Otra cosa. En esto que les estoy contando ustedes verán, que la lectura de poesía no ocupa el lugar más importante. Yo leo poesía. Leo por mi tarea en Hilos, leo los libros que están escribiendo mis amigas poetas, porque trabajo en ellos, así como trabajan en los míos. También releo poetas que ya leí, algunos descubro que no me hacen el efecto de antes y otros que me los siguen haciendo, esos recorridos son lindos. Y estoy leyendo mucho por la editorial, y por la colección .55 .65 que dirigimos con Teresa Arijón.

 

-¿Qué autores y autoras argentinos que son importantes para vos y por qué?

          Voy a reemplazar la palabra importante por los que recuerdo. Los que leí cuando era chica. Juvenilia, creo que era de Miguel Cané. Chico Carlo. Horacio Quiroga: no me dejaba dormir; noches de horror pensando en el almohadón de plumas, y las gallinas que degollaban mogólicos. Otro autor que he leído de joven: Roberto Arlt, Los siete locos, si me decís de qué me acuerdo no más que sensaciones, El amor brujo. Leí autoras vergonzantes como Silvina Bullrich y Poldy Bird. Su hija era compañera de mi hermano, la famosa Verónica, y su hermana era mi maestra de inglés en el colegio que iba doble turno. Después, no sé si Beatriz Guido o Norah Lange. Después Borges.  Denevi fue importante: Ceremonia secreta, Los asesinos de los días de fiesta: hermanos que iban a los velatorios a robar, hermanos solteros que vivían juntos. Silvina Ocampo, sus cuentos y con Bioy, Los que aman odian. Poetas que me gustaron:  Celia Gourinski Enrique Molina, Viel Temperley ¡Hospital Británico!, Jorge Smerling. A Jorge no solo lo leía, sino que lo escuchaba hasta en sueños porque me llamaba a cualquier hora para leerme sus poemas. Un libo de Maria Elena Walsh de tapas marrones. Leí mucho a Pizarnik, de abajo para arriba y de arriba para abajo, Árbol de diana, El infierno musical, La condesa sangrienta.  Leí bastante a Olga Orozco. Fragmentos de Macedonio; me atraía algo de él. Y un poeta que no era argentino que estaba muy involucrado en mi vida y que para mí es un gran poeta Silvio Rodríguez. Una enumeración poco exhaustiva, y bastante basada en recuerdos de infancia y juventud, no sé por qué, esta semana es así, como si recordara lo que supongo comenzó a formarme.

 

¿Qué es para vos ser escritora de poesía? ¿Podes definir tu voz?

          Mas que en “ser “escritora de poesía, pienso en un estado: una subversión y un descalabro. ¿Un don?, ¿una promesa? Tender hacia un lugar. Escribiendo poesía, leyéndola o generando acciones poéticas desde otras materialidades que involucran y exceden a la palabra.  Vacuolas de oxígeno y silencio, existencias menores que se vuelvan como bosques para nosotros, reservas de vida y respiración. Desde lo íntimo de los núcleos celulares y sus infinitas conexiones. Lo que empuja y manda a vivir, a mutar, a multiplicar el sentido y desbrozarlo de su suerte remanida. Pensamiento. Colisión en la lengua cansada que horade un poco los dominios del mal poder, y despierte lo que no cesa de dormirse. Parece mucho o poco, no lo sé; cuando me preguntan por mi poesía yo tengo una pequeña desorientación.

 

– ¿Qué estas escribiendo en el presente?

          En el presente estoy en dos libros. Uno es un poema largo, largo para la extensión que suelen tener mis poemas, su nombre aún no está definido, pero me tienta ahora ponerle de título “Un blues perfecto para nuestras cabezas”. Es el tiempo plegado de las amistades, un recorrido obsesivo y algo delirante de un nosotros que pervive. Un nosotros que pervive y hace una trama que, si bien puede desfallecer por momentos, no deja de vivir por debajo: soplás las cenizas y el fuego suave devuelve la confianza en los lazos. Ese libro, brevísimo, surge de un sueño, vívido y geométrico. Un sueño que pasó de vivir como enigma a vivir como atractor. Inhóspito y liberador al mismo tiempo.
          Trabajo en otro libro que se dio en llamar un tiempo “Proyecto Almas”, ya no sé si ese será su título, creo que intenta comprender lazos y afinidades, su permanencia en el tiempo, los conectores escondidos que comenzaron a armar la atracción.
          Entre esos lazos está el que he tenido y tengo con mi madre, Vira Fonticelli, poeta y artista plástica, en el orden que prefieran ponerlo. Ella cobra una importancia cada vez mayor cuando pienso en mis motivadores, en mi fuerza vital.
          También escribo a diario, o casi, alguna cosa que viene a mí. Que aún no es poema ni tal vez lo sea, pero es un modo de mantener la puerta entreabierta, de prestarme, aunque reticente a veces, a la escritura.
          Acabo de terminar en esta cuarentena la primera etapa de un proyecto en la que estuve entreverada e inmersa en los últimos años: la escritura del prólogo y el cuidado de la edición de la obra poética de Celia Gourinski, poeta argentina de excepción, y una amiga entrañable a quien extraño. La obra saldrá editada por Hilos editora y esperamos, con mis compañeras hilanderas, presentarla en otoño de 2021. Sabemos que será un acontecimiento para la poesía argentina.
          Recorrí en los últimos tres años varias veces el archivo de sus escritos, cuadernos y papeles con letra manuscrita, dibujos, originales mecanografiados, poemas de amigos, anotaciones cotidianas, inéditos sin fechar. Un archivo dificilísimo de ordenar. Tengo conmigo un ejemplar de dos de sus libros: Acaso la tierra y Tanaterótica intervenidos por ella de modo lucidísimo alucinado con advertencias, tachaduras, calificaciones a algunos de sus poemas, versiones, pedidos de auxilio, notas al margen en griego, en francés, sin ningún respeto hacia “la autora”.  Pensé en su obrar como un escrito o códice gnóstico antiguo, escrito con letra ilegible a descifrar.
          Hubo un período de varios meses en los que encaramos juntas con Eugenia Straccali, la revisión y clasificación de ese valioso material, su colaboración fue fundamental, y compartimos el entusiasmo y el vértigo del universo Gourinski, una tarea que estoy segura nos hizo mella y no olvidaremos.

 

. ¿Cómo se pliegan en tu poética la temporalidad y el espacio?

          Pienso en una pradera. Pienso en la eternidad. Pienso en el segundo o en el instante. Veo a una niña que corre riendo o se esconde cuando se percata de que va a crecer. Va a dejar la pradera abierta e insomne. Pienso en una mujer joven que no comprende ni mujer ni mundo ni tiempo. Luego en mí. Vivo y hago en el mundo o escondida detrás de la hierba.
          Estoy en la pradera. Me acompañan animales y amigos. Pienso en el amor. Una línea de tiempo que no se interrumpe y aumenta. La pradera se hace más extensa para albergarnos. Se despereza bajo la noche que comienza.

 

. Y estas reflexiones, invitada por las preguntas de Eugenia.

          A raíz de que los tiempos apremian, o tal vez porque mi morosidad me llevó a este “no hay más tiempo, hoy cerrarás la entrevista“, o porque conviene a mi forma, al modo en que puedo decir algo, es que decidí no contestar una por una las preguntas que faltan -son varias, y el lector no va a conocerlas, podrá imaginarlas quizá al entrar en esta zona vibracional en la que voy a permitir se muevan mi mano y pensamiento. Espero tocar el espíritu de lo que se me preguntaba.
          Vos decías Eugenia que la mía es una poética del detalle, y poesía alquímica. Puedo pensarme allí, nunca saciada de no se sabe qué.  Busco llevar la luz a su mínima expresión. Y ver lo que existe así, lo que la luz tuerce en los objetos, en los contornos así desdibujados de los “reinos” -vegetal animal mineral humano. Que este procedimiento deje ver el hilo continuo que atraviesa la existencia, sus bordes ya menos definidos. O que el ojo verbal genere un filamento lumínico, un cenital apuntado al corazón del poema. Quiero lo que la luz expresa y deja ver cuando es mínima o focal, y no se vería cuando es plena, abierta o estridente. Acercarme a un detalle, como en un zoom macroscópico y ver lo que se ve sólo si el foco se detiene, expande este detalle. Y yo soy la cámara y el cuerpo atravesado por la experiencia al mismo tiempo. Hablo ahora de ritmo, toc, pum, bam, cardíaco, cardinal, terreno. La pulsación se aquieta cuando la porosidad de los seres aumenta.
          Recuerdo antes de mi primer libro, guardaba en papeles mecanografiados de diversos tamaños poemas en ciernes, versos sueltos, ríos de palabras. Pasó mucho tiempo hasta que comencé un trabajo de corrección y montaje hacia un libro, recuerdo poemas diseminados en el piso del living, mirarlos, tomar distancia y examinar sus conexiones, los pasajes entre uno y otros, intercambiar sus posiciones, ”este pasaje no es feliz, quita potencia al poema, ¡hey, este pasaje funciona! Mirá lo que dicen juntos estos poemas! “. Y entonces ir modificando las conexiones, el mapa de lo que será libro, este proceder se ha repetido en otros libros. Lo del montaje que preguntabas sucede también entre poemarios ya terminados, poder deshacer una forma decidida y generar nuevo texto o sentidos, esto me interesa, ¿un ritmo? Los ritmos cambian según los conectores que se encienden. Así, distintas partituras que requieren de blancos o silencios apropiados a cada poema. Esa mirada se distancia y se sumerge y con ella las emociones que sin duda son cuerpo y movimiento.
          Me ocupo mucho de la corrección de los poemas, pido lecturas diversas, escucho, pruebo, esto lleva tiempo. A veces buscar la palabra que no cierre o corte la vibración de un verso puede llevar meses, o despertás un día y llega de repente como un regalo proveniente de la noche -y otra vez la luz-, quiero decir en esa luminiscencia de la noche descansan y hierven palabras-conocimiento amasadas en el tiempo expandido en el que dejamos que el poema se aquiete antes de darse.

 

María Mascheroni

Poesía

     Poemas inéditos

de Proyecto almas, inédito

entender cómo se cruza en día y segundo exacto la piedra con el ojo

para exiliarse luego en el rocío    sobre el pasto

piedra arrojada desde un abra lejanísima del aire

rosa de los vientos   su corazón

imán de medio cielo   medio día

 

*

 

quebracho pino viraró virapitá

las ramas refuerzan la línea sobre la luz que desde ahora llamarán crepúsculo

más tarde sólo oscuridad     o antes que la noche

madera   hacha   madera

por fin    ya incrédulos dirán

                                         noche profunda     cerrada

los árboles retuercen la luz hasta sus ojos

hasta que la línea negra fuga del color

y separa al hijo de las visiones terrestres

 

*

 

trinos troncos y piedras el 26 de diciembre

el cielo viró a un lila claro, líneas desnudas oscurecen la trama

de esta historia

entre las hojas mojadas    sobre los muros compactos

 

¿hay alguien allí afuera?

 

*

 

pena

       preces

                  plomo descienden sobre nosotros

 

*

 

caminamos

él y yo

sobre las sombras que hacen franjas oscuras a la tierra estrellada

debajo de la vía láctea

 

me recuesto en esa noche cerrada que su ancho pecho ofrece

como un desorden

si el cielo

su luz

se torna más oscura   el negro delineado de las ramas se suaviza

quiere adentrarse en la noche

 

        en la noche descansan las formas inestables   dice

        se cierra el ojo que ve

fragmento de Un blues perfecto para nuestras cabezas, inédito 

una aparente claridad cruje entre nosotros    incomprensible

 

 

de esa ambigüedad nace ahora la flor de los cerezos

el tiempo plegándose llegó hasta nosotros

reunidos sin ninguna claridad

los lazos alterados   persisten

reverberan entre el calor quemado del abra y sus senderos

como quien salta y  acierta a la cima del cielo

caímos     cada vez más lejos de la huella

sí en las flores   en lo áspero

sí entre nosotros la oración

 

 

un puente en la raíz de lo que pasa cuando anochece   y aún hay algo de luz

y ese cielo   ese infinito

 

 

el miedo ah! el miedo pulió nuestros costados y acercó la cortesía a nuestro flanco

como un envión   una melodía sobria para decir   por aquí no es   no se trata de zurcir    la enfermedad expulsa todo lo que el cielo no refleja

nosotros de nuestro lado le dábamos al éxito y al fracaso con la misma moneda

topos     empecinados por vivir

 

 

amigos no se cómo llegamos hasta aquí

cómo el vivir nos tiene de su lado

 

de La inevitable curva 

 

qué te hace estrangulada    como muda de todo lo que existe    si

solamente le pedías la risa    el alma de alborozo    lo incomprensible

tu vestimenta

qué te hace muda frente al amor qué feliz te peligra    redondea tu

muro    se enfurece si hay confianza y ataca justo cuando abres el

cuerpo a decir    te soy tanto como mía    y esto no te obliga a bajar

la vista por pudicia    o a transitar otro territorio porque allí ya no la

hay    qué te hace    que te estrangula que te quiere tan feliz

qué sabe llorarte por exceso que fueras    por demasiado amor

por justicia no divina    por furia porque sos y te soy tanto como mía

y no lo sabes

aquí estoy    muda canto canciones tan bellas qué lloras de feliz

lloras y abres las manos

 

*

veo que el sol atardece

y no es bello

 

¿puedes oírme?

 

digo que pierdo la belleza

y veo rojo y espadas alzando muerte

inocentes estos ojos que vuelven a mirarse

 

¿estas allí detrás amor de herida?

 

veo el sol alzando muerte

que pierdo la belleza

¿puedes oírme? aquí    detrás de herida

 

veo rojas espadas

se acercan a llevarme

 

de Impaciencia de la sed 

 

hay poco que decir en las mañanas

el cuerpo comienza con la luz

 

*

 

por desconcierto

por azar

por no saber de qué se trata

ese cuerpo pequeñísimo que llora

 

la ignorancia comenzó con el amor

de Jardín 

 

sí    todavía haríamos un jardín

el plural se originó en el vuelo de su cuerpo

había sol    no siempre la tristeza se celebra con la lluvia

había sol y nos inclinaríamos

a rozar con los dedos su nuevo territorio

 

*

se ahoga con las flores y las fechas

el cuerpo de ella quiere tocar sus manos

y sólo llega hasta el jardín

 

*

este jardín está vivo

de sus letras

de la caída de los sueños de ella

de El cansancio de los hijos

y la cabeza es perforada con el pico esta mañana

y la brecha es suficiente para encontrar en la precisa circunvalación

adentro la torcaza o el zorzal

para desbaratar el nido ardiente que quiere emprender vuelo

(¿eso es morir?)

artillería pesada operación grillete a la pata que todos conocemos

enmiendas   traducciones y costuras

todo eso todo eso sólo para volver a comenzar

entre tumores y milagros

la inveterada    la empeñosa vida

 

*

llegados aquí

dijimos: bueno, ¿cómo hemos llegado?

 

separado    roto a más no poder

          pero no    no fue eso

 

aquí

¿cómo hemos llegado?

 

la cabeza inflamada atestada

corroída de tumor y comentarios

 

aquí estás    otra vez

           yo he bebido también de esa copa

           y no estaremos preparados

 

y ahora que sé cómo viene

ahora que no sabemos más

           -eso es vivir, contiene las partidas-

dime ¿cómo hemos llegado?

ahora que sé    ¿qué más?

de Consenso Inútil

Hace frío, hoy tal vez la luz más clara y concentrada de este

febrero en las montañas. Aún así, mientras el dolor sube como

un vapor de siglos presto a salvarse, la luz aumenta, cae de una

brecha abierta en el cielo que transforma en rayos la luz del sol

oculto. El frío afuera. En el lugar donde se inicia el movimiento

de escribir fracasan las células en mantenerse unidas y esa

separación en aumento, esa falta de imán produce un vértigo

tal que es combustible apropiado para este inicio. La invitación

a escribir llega donde nada había visible y pensado, cae como

una semilla con propósito en una tierra arada y en espera.

Discretamente, sin levantar la voz tira sus redes.

     Poesía y muerte. ¿Cómo se juntaron estas palabras? En un

primer momento aunque las supiera ligadas no hacían contacto.

¿Siempre estuvieron juntas, esto es lo que dice la “y”? ¿O se han

reunido para hablar de escritura, para provocarla? […]

hierba sobre el mundo castigado

colectivo poético involuntario

preliminares y composición

Teresa Arijón – María Mascheroni

Escritos de la Autora

La vulnerabilidad de la fuerza

Una dramaturgia mutante

 

Primer impulso: buscar lo que hay de común, en común.

Segundo impulso: abandonar el primero, meterme en el cuerpo, pescar los chillidos de animal y el bell canto cuando brota cloacal o camuflado.

Saber qué busca esta mujer que quiere estar en las pieles rechazadas, en las invivibles, las codiciadas, en ninguna.

Saber que quiere torcer su ánimo y sus costumbres hasta querer matar o prostituirse, enloquecer, entonar la ternura hasta ver a dios cabizbajo brillando entre ateos. Hasta reír, hacer reír en nosotros los lugares austeros con vibración pacata en caldo con la vitalidad, todo en la misma escritura. Precisión. Escucha.

A Susana la he visto muchas veces absorta en un bar, cautivada por las conversaciones de gente que sentada en otras mesas habla sin imaginarse escuchada, gente de lo más diversa, ¡mejor! Ella en estado de ósmosis absorbe jergas, matices, exabruptos y calidez; hace en sus células más hondas la síntesis que brotará en la lengua de otro. Ya en manos de la autora un tartamudeo con envión, la buena junta.

Lo que no impide preguntarse si de esa ósmosis, fotosíntesis humana, deviene una certeza, un personaje acabado, de características definidas de antemano o bien –y de esto se trata en este caso- una especie de individuo nuevo, suerte de monstruo calificado que STM hace hablar, actuar, hace vivir entre nosotros cuando la escena se enciende.

Cuando hay certeza, quien escribe cree que sabe lo que sabe y el personaje resulta casi loco, fijo en sus apreciaciones que apenas vacilan. Pero se trata de hacerle un hijo por la espalda, embarazarlo al decir de Deleuze: la autora funde su líquido genético en el crisol del viviente que hablará por su boca; el personaje resulta así de la amalgama o máquina o monstruosidad que produce el encuentro, esas bodas contra natura que genera la creación.

Torres Molina inocula a los seres de los que quiere saber, a aquéllos en los que va a transformarse, y lo hace con la pasión de un pensamiento atraído por lo que escapa al entendimiento, la encrucijada ética, lo aberrante; engendra con su cuerpo vidente, pensante, el impulso y la voz, la ternura y la violencia o el temblor de esos seres que son pura diferencia, que viven una vida que a la autora sólo le compete por querer y voluntad, por escritura, lejos de sus costumbres de cada día.

STM toma posición, marca orillas móviles, definidas, estoy aquí parece decir cada vez que escribe y ve la escena –la puesta en escena siempre incorporada a sus visiones-, una posición tomada por el grito que la mueve a sembrar algo de luz en algunas oscuridades establecidas. A probar las voces maltratadas o inaudibles, dejar traslucir lo que se ve y se ignora. Ética y política. Y no a la manera de quien milita de oficio, precedido por sus convicciones y encolumnado a su meta, sino más bien como quien abre sus costados y sus bordes para poner sobre la mesa  toda la humanidad de la especie que somos, una humanidad menos humanitaria, de incoherencias, crueldad, belleza, hilachas, de heroísmo y pesadilla.

Un modo de lastimar la hipocresía y el cinismo del mundo en el que abrimos los ojos cada mañana, bastante acostumbrados, hasta que alguno de nosotros, como Susana Torres Molina, se retuerce y deja aparecer del vientre convulsionado la riqueza abandonada, el monumento quebrado, la condición vulnerable, el corazón o el vuelo.

 

María Mascheroni, Prólogo al libro Hendidura,  Colección Biblioteca Proteatro. Teatro Argentino. EUDEBA.  Editorial Universitaria de Buenos Aires.Primera edición septiembre 2017

Un catálogo de lesiones

Reseña para “La comedia de los panes”de Laura Klein.

 

Este libro está formado por cuatro textos: Nuestras águilas, La estepa polaca, Bastardos del pensamiento, El poema de la leche. Y se titula La comedia de los panes. ¿Por qué este título? Llamó mi atención porque pan siempre se dice en singular, y “el” pan en singular paradójicamente es un universal. Como el amor o la madre, el pan en singular está en la cima del discurso tirano. Cuando uno dice “el” amor todos quedan fuera del amor. Y después hay amores como panes. Una de las estrategias de la dominación es anular las diferencias que Klein insiste en multiplicar sin reproducirlas. Pan con pan comida de zonzos, al pan pan y al vino vino, esto es pan comido, ¿trajiste el pan?, no sólo de pan vive el hombre, ganarás el pan con el sudor de tu frente, un kilo de pan. Siempre se dice en singular salvo en la multiplicación de los panes. Y la multiplicación no es reproducción, no necesita de cópula sino de creación que alimenta a los hambrientos. Entonces envuelve todo tipo de alimento, incluso el alimento bastardo, la leche amarga del pensamiento. Y aunque el libro lleva en su título la palabra “comedia”, no es precisamente lo que hoy llamamos comedia. Tampoco una sátira o una burla. Es más bien impiadoso, doliente, esforzado y vital. ¿Cómo se ligan panes y comedia? El “de” aquí no es en absoluto una preposición, el “de” aquí marca un propósito. El propósito de la poeta de hacer del alimento algo fallido, que no sacia, no cierra ninguna ecuación. Un inventario sin fin de lo que no mata y fortalece, una clasificación en la que entran los sobrevivientes a tallar entre lesiones y el sol que cada día se levanta. Si el pan como símbolo de lo bueno y nutricio es erosionado por el plural panes y deja de ser el alimento por excelencia, los panes son alterados por la comedia. Inventarios fallidos A lo largo de todo el libro Laura Klein hace inventarios, catálogos de disimilitudes, modos de ser, no definiciones. Un catálogo de madres, o alimentos fallidos. Uno de cabezas, órganos atormentados. Un catálogo de pensamientos bastardos. Un catálogo de lesiones. Los catálogos de Laura Klein son unos cuyos elementos no se dejan clasificar. Ninguna categoría englobante. ¿Cuáles son las consecuencias, los efectos irritantes y conmovedores de este tesón? Uno se calma cuando encuentra una manera de englobar, de encuadrar. La autora toma un camino diferente, torciendo milimétricamente nuestros pasos. Digamos que no espera llegar a una noción genérica o a una entidad abstracta (madre, amor, cabeza, pan) con su aureola de inmovilidad y permanencia. Echa mano a todo el poder que le confiere el lenguaje poético para desdoblar, fraccionar, extraer el comportamiento cambiante de las cosas y en un movimiento que no cesa mantiene funcionando juntos el órgano supremo, un astro oscuro, asfódelos, un dolor en el raciocinio, cacareos, ideas endémicas, una congoja. Y con todo eso, no reúne cosa alguna que se parezca a la leche o a la cabeza o a la madre, y sin embargo todos olemos algo de madre o cabeza ahí. Un vislumbre del universal que no va a tranquilizarnos. Pero Klein se las arregla para sacar miel de nuestra propia pesadilla. Una línea delgada separa el “como si yo estuviera muerta” del “como si no estuviera viva”: en esa línea, en esta línea habitamos los sobrevivientes. Cuidado dice: hay cosas ahogadas, iluminan igual. Hay daño. Hay dolor. Hay más daño y eso no nos ha quitado la alegría. Este es el milagro que Laura Klein relata incansable y es más increíble y azorante que caminar sobre las aguas.

María Mascheroni, Publicado en Revista Ñ, Clarín, literatura-reseñas, 2011

Escritos sobre su obra

La zona oeste es desértica  escarpada de rocas, a medio camino hacia las piedras más altas una casa de piedra sencilla, sólida, con sus aberturas dispuestas según los rumbos mayores de la rosa de los vientos, donde los sonidos son de mar, estrellas, de viento. En el oeste se incuban las palabras dentro del silencio hirviente de la roca. 

Un desfiladero profundo separa este y oeste de la isla, una hendidura que se ve caer a pique abrupta hasta un lecho que vuelve a ascender hacia el este en una ladera de igual pendiente y menor altura. El este es frondoso, verde vegetal, de líneas suavizadas por la espesura, en esta zona viven los pájaros y la música.

Cada primavera los pájaros tejen con su arte un largo puente colgante entre el peñasco este y el oeste, que acercará con delicadeza la música a las palabras. Si el encuentro es feliz se enciende la isla toda, incluso hasta el sur donde se oculta la luz.

María Mascheroni: la herida    el intervalo

Y por encima de tanta destrucción, rudeza y violencia, se sostenía en un pliegue de la red, temblando pero llena de gracia, la asustada mariposa.

Walter Benjamin, Infancia en Berlín hacia 1900

 

la mariposa se acerca

bate las alas

nos mira

María Mascheroni, Jardín

La imagen de la mariposa sobrevolando los versos cifra la concepción de la poesía de María Mascheroni, que es un jardín, territorio imaginario para la experiencia poética. “Como los batientes de una puerta, como las alas de una mariposa, la aparición es un movimiento perpetuo de cerramiento, de abertura, de cerramiento otra vez, de reabertura… Es un batir de alas, un latido. El ser y el no-ser cogen el ritmo. Debilidad y fuerza del latido. Debilidad: nada se ha conseguido, todo se pierde y debe ser recuperado a cada momento, todo empieza siempre. Fuerza: lo que late o bate –lo que se bate contra, lo que debate con– lo pone todo en movimiento” dice Didi-Huberman en La imagen mariposa. La escritura de Mascheroni tiende hacia un límite que no clausura sino que es el lugar mismo de una suspensión, una indecisión, una ruptura y un intervalo, del advenimiento del sentido que, precisamente porque es intermitente y discontinuo, es inapropiable por parte del sujeto. Para la autora la experiencia del poema (de su escritura tanto como de su lectura) no es tanto la recreación de un “jardín interior” como un “salir al afuera” del jardín, de sí misma, conjugado con un peligro o con un riesgo, una travesía hacia un espacio sin interioridad. A partir de esta relación con lo imposible, con la interrupción y el intervalo, con la presencia desnuda pero inaccesible del poema, resuenan las preguntas: ¿qué experiencia es la de la poesía? ¿Dónde encontrarla? Y junto a ellas, interrogantes conexos: ¿qué es un poema? ¿Cómo leerlo, abordarlo, recibirlo? El uso del nosotros es un recurso en el que se articulan enunciaciones múltiples, identidades transitorias, frágiles y precarias como la existencia de la mariposa y del sentido en el poema: “sí      todavía haríamos un jardín/ el plural se originó en el vuelo de su cuerpo/ había sol     no siempre la tristeza se celebra con la lluvia/ había sol y nos inclinaríamos/ a rozar con los dedos su nuevo territorio”.

 

En su caso, la creación poética se realiza en tres actos: 1) el descubrimiento y revelación de lo alegórico en las ruinas de la lengua; 2) la reconstrucción de los fragmentos, haciendo una tarea de técnico, “poetizando” los desprendimientos, es decir llevándolos del no-ser a un nuevo y fugitivo ser; y 3) la escucha de lo que acontece en lo intersticial, en el espacio vacío. El primer movimiento conlleva una concepción visual-deconstructiva del lenguaje, de lo real y de la representación. La aparición del poema supone el estallido de la centralidad del argumento, del relato en la Modernidad. La imagen es la de la explosión: las esquirlas, las astillas, las chispas y los residuos diseminados en el espacio arman una serie nueva ante el ojo del que observa. Luego del escandaloso desmembramiento del sentido hegemónico, la poeta registra, en una visión instantánea, que la gramática se vuelto insignificante y la mímesis imposible. Porque es lo real lo que se desplaza y se resiste a ser reflejado: no hay realidad. La poesía, en su dispersión esencial, tiene la capacidad de presentar el mundo en su desintegración. La poética de Mascheroni es disruptiva, se dirige en primera instancia contra un régimen escópico dominante o totalizador, contra el perspectivismo cartesiano, y contra las variantes del ocularcentrismo filosófico y estético. El sujeto lírico sospecha de la vista ampliamente compartida, desconfía de los campos y parámetros de visión de la Modernidad; su mirada en cambio proyecta, a partir de los escombros después del acto de demolición, un nuevo orden visual; por lo tanto el poema no es un desvío de la normativa gramatical sino su subversión temporal y espacial que rompe con las posturas ocular-céntricas.

El segundo movimiento es tarea de orfebre, cincelado de lo pequeño. Mascheroni configura a partir de distintos poemas una única escritura poética; para ello recurre al procedimiento del corte sintagmático imprevisto, también a las distancias e intervalos entre palabras, versos y poemas. Configura así ese poema que se extiende en la página desafiando los límites de la hoja y quebrando las expectativas de lectura de un poema unitario (no hay títulos, no hay mayúsculas, no respeta los espacios de tabulado horizontal ni vertical). En estos espacios entre palabras se van plegando los hilos sutiles como una tela de araña invisible, trayecto arácnido del sentido ante el cual, como señala Fernand Deligny, “el ser consciente de ser queda estupefacto y, hay que decirlo, bastante indigente”. Lo arácnido no tiene que ver con el ser consciente, enteramente tramado, parece, de sexo y de lenguaje. Y su red, tejida a partir de un leve hilo que se encuentra azarosamente con una rama, es un “bosquejo inacabado” cuyo único soporte es “la brecha, la falla” (¿lo real?) que vela y devela a un tiempo.

El tercer movimiento deviene de los actos anteriores y tiene que ver con lo que acontece en lo intersticial, en el espacio vacío, donde aparece la escucha del poeta: “en el horno     los oídos amarrados mientras/ afuera pájaros confundidos gritan en la noche”. Tiene que ver con el ritmo, con la vibración, grito o música, porque hay una herida en el cuerpo de la lengua, una desgarradura que se filtra por ese tejido roto. Como dice Derrida, no hay poema que no se abra como una herida: “es porque él la guía/ invariable/ hacia la herida de ella”. Por las interrupciones también circula el flujo de sentido, como un hálito que se filtra entre las pausas versales, en el espacio entre las cuerdas vocales: es la propia respiración del poema, que no es humana, es lírica y proviene del interior de las palabras antes de la articulación lingüística. La temporalidad del suceder, de lo discontinuo es entonces también sonora, su pulso y su intensidad no responden solamente a la instancia de la letra. Los intervalos, así, son espacios necesarios para que se produzca la vibración, y por lo tanto son vías de acceso al acontecimiento poético: “la mariposa liba      en la herida/ los rasgos indelebles/ de él en ella”. Y como señala Chantall Maillard, esa respiración es el otro, el que dicta, el que exhala. “El otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, solo adivinado, y en la traza reconocido”; el otro que Maillard encuentra en la baba de caracol, y Mascheroni en el tejido de la araña, en el aleteo de la mariposa.

 

Eugenia Straccali, Atlas de la Poesía Argentina II, 2019, EDULP

Jardín, contratapa de Reynaldo Jiménez

 

En el arte de la endecha, canto de despedida, lo que cuenta no es la cualidad conmovida de la composición, sino la entonación inspiradora que al canto transporta, y que da consistencia a la voz que, al tornar la palabra, es por ella tomada. Este poema no es en tal sentido sino un desmenuzamiento, un detenimiento. Procede por retazos ante el retaceo del sentido. Las frases que lo constituyen permanecen al aire, que las enlaza y desenlaza, reconduciendo el poema a su utilidad arcaica, prelógica: hilachas de un velo-rumor ceremonial cuyo rito principal resurge como gravedad del adiós, a la vez que insurge como bienvenida a la levedad. Jardín trae sin repliegues aquello que sobreviene a la desprotección, cuyo inequívoco signo toca toda puerta y todo fondo. Aunque el motivo central de este poema -más lleno del aire que contiene y anima a las palabras, que de la pronunciación de esas palabras propias, combinadas aquí al borde del· susurro, en la justa intención de sus veladuras tonales por afectivas –se tiñe con la certidumbre de lo inexplicable, de ese exceso que suele ser lo real. El límite mismo a la comprensión, hiriente anzuelo interrogador, nos conduce de la boca hacia un decir callado. No remansado: cunde la materia intratable, intraducible, que pone en jaque hasta la menor veleidad de la conciencia. Así, el poema dice: hay un niño allí? El canto refinado por la voz intemporal que lo desenmascara, afina en el ámbito del jardín (reunión del aire con la tierra) lo crudo que es también nivel de coincidencia en el misterio de los seres. Drástica pero necesariamente aquí el dolor se celebra, pues este jardín está vivo/ de sus letras. Con paradójico agradecimiento y reconocimiento de la unidad subyacente a los contrastes, Jardín se demora en tanto voz transpersonal: el plural se originó en vuelo de su cuerpo. Al escándalo de la muerte, la canción de otra cuna, oración atenta cuya pregunta es por la inocencia de todos.

 

tsé≈tsé, 2004

sobre Consenso Inútil 

El frìo irrumpe como flecha en el texto.  Algo comienza a romperse en las montañas en forma de vapor y se quiebra “ cae de una brecha abierta en el cielo que transforma en rayos la luz del sol oculto”.
El frìo es marco del acontecimiento: arquero- flecha- arco o modos de afectación.
El tirador de arco inicia la ceremonia de la escritura.
Arco compuesto por la tensión: poesía – muerte. Y lanza la pregunta “¿cómo se juntaron estas palabras?”, que se desmoronan esparcidas por el texto.
El frío en el cuerpo del arquero y “el frío afuera”, distancias que hacen temblar las palabras cuando modula, “el dolor sube”, “la luz aumenta”.
El temblor del arquero traza líneas de fuga, multiplica centros o preguntas, distribuidas en la superficie. Preguntas- flechas que dialogan entre sì y en sì, “¿qué es poesía?”,” ¿qué de la muerte me pasa cuando escribo?”, “¿de qué cosas se dice que mueren?”.
Puntas o cabezas bifurcadas de frìo que atraviesan el texto o el carruaje vacio. Acontece la exterioridad del  escribir, afectación de escritura que “me da miedo”, “me angustia”. Disminuye el movimiento de transducción. Y aumenta, si al acto de escribir le asigna un sentido de exterioridad.
Mascheroni dona exterioridad, lo hace funcionar con lo màs exterior y lo màs intensivo de sì, entre sì.
Para el arquero – poeta la experiencia de muerte es tierra de interrupción y al mismo tiempo, no interrupción. De flujos o matices.
La intensidad- muerte y la intensidad- morir admiten nombres de intensidades distintas.
Le asigna heterónimos, otros nombres de la exterioridad, “¿qué pasa si sustituimos  la palabra muerte por otra como caballo?”.
La muerte existe en el texto como voluntad de proposición, “ tema o sustantivo”, pero no forma parte de la experiencia del arquero. Para él la muerte no.
La experiencia de morir cada vez  multiplica las muertes. Muertes poéticas que señalan cortes de inicio y final. Morir que no cesa, “morir la muerte”, un flujo de deseo de morir.
El arquero vive la experiencia sensible de morir en cada transformación.   Conjura la muerte “¿qué hace la poesía a la muerte?  ¿conjurar el peligro o atraerlo?
Transformación de matices en el acto de escribir o morir.  Longitud de arco que hace pasar el doble, pasar la poesía y la muerte. Intensidades que no se agotan en su mismo movimiento.
Quietud en la muerte que existe en tanto imagen- recuerdo de esa memoria que recopila fuerzas que no cambian. Memoria que renuncia a la función de multiplicidad, a lo contìnuo.
Todos los hombres se mueren por consenso “cuanto mayor es el consenso uno se queda más afuera de la cosa”, màs afuera de la experiencia.
Muerte como voluntad de nada, sin curvas en el arco.
La muerte no guarda  transformaciones por eso permanece como consenso.
Aquello que no cambia y permanece igual.

Stella Anges Villegas, 2015

Reseñas, entrevistas y escritos

Entrevista Poesia Argentina – Ciclo 10 preguntas para 1 poeta: 

https://sites.google.com/site/10preguntaspara1poeta/mariamascheroni

Especial. Colectivo poético involuntario

 

Hierba sobre el mundo castigado

https://www.opcitpoesia.com/?tag=maria-mascheroni

Reseñas El cansancio de los hijos de María Mascheroni (Hilos Editora, 2011)

 

Reseña Escritores del Mundo, Laura Klein http://www.escritoresdelmundo.com/2012/09/sobre-el-cansancio-de-los-hijos-de.html

Reseña Página 12, Laura Klein https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4487-2011-11-20.html

Reseña Alicia Gallegos https://aliciagallegoseditora.blogspot.com/2013/07/una-nota-que-escribi-acerca-de-el.html

Reseña Música Rara, Mario Nosotti https://musicararablog.wordpress.com/2012/09/16/el-cansancio-de-los-hijos/

Reseña El Ancasti, Rosario Andrada https://www.elancasti.com.ar/cultura/2019/7/14/refugio-de-lectura-408763.html

Reseña El Vendedor de Tierra, Alejo Gonzalez Prandi https://elvendedordetierra.com/?s=el+cansancio+de+los+hijos

Pintura y música

Galope en el cielo de Vira Fonticelli

TEMAS SELECCIONADOS POR MARÍA 

November  Max Ritcher https://youtu.be/2Bb0k9HgQxc

Ferglánzend    Wim Mertens https://youtu.be/Yqlrd4TOgd4