Mariángel Mauri es traductora literaria del inglés. Tradujo obras de Katherine Mansfield, Virginia Woolf y F. S. Fitzgerald, y la poesía de Margaret Atwood, Mary Oliver, Linda Gregg y Marie Howe. Además, escribe, traduce y corrige materiales para revistas y editoriales.

Margaret Atwood, Two-Headed Poems, 1978.

Versiones de Mariángel Mauri

Una bolsa de papel

Me dibujo la cabeza, como de chica,
en una bolsa de papel,
me la bajo hasta la clavícula,
le hago los ojos sobre mis ojos,
con espigas verdes y violetas
para indicar sorpresa,
la nariz en forma de pulgar,
una boca sobre mi boca
trazada al tacto, que después relleno
con rojo.
Con esta nueva cabeza, el cuerpo
alargado como una media y exhausto podría
bailar otra vez; si le hiciera
lengua me pondría a cantar.
Una sábana vieja y es Halloween;
pero ¿por qué es más fea o
aterradora esta cabeza de
alfiler con pelo cuadrado y sin mentón?
Como un idiota, vive sin pasado
y siempre está entrando en el futuro
por las ranuras de sus ojos, corta de vista
tanteando con esa sonrisa gruesa,
un tentáculo de alegría perpetua.
Cabeza de papel, te prefiero a vos
porque estás vacía;
desde tus adentros cualquier
palabra aún puede ser dicha.
Con vos podría tener
más que una sola piel,
un interior en blanco, un repertorio
de historias acalladas,
un nuevo comienzo.

 

Variación sobre la palabra dormir

Me gustaría verte dormir,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría verte,
durmiendo. Me gustaría dormir
con vos, entrar
en tu sueño cuando su ola suave y oscura
se desliza por mi cabeza
y caminar con vos por ese bosque reluciente,
tembloroso de hojas verdes y azules
con su sol pálido & sus tres lunas
hacia la cueva adonde tendrás
que descender,
hasta el peor de tus miedos.
Me gustaría darte la rama
de plata, la pequeña flor blanca, la única
palabra que te proteja
del dolor en el centro
de tu sueño, del dolor
en el centro. Me gustaría seguirte
otra vez
por la larga escalera y ser
el bote que con cuidado te traiga
de vuelta, la llama
en el hueco de dos manos,
hasta donde está tu cuerpo
al lado mío, y vos entrás
en él sin esfuerzo, como al respirar.
Me gustaría ser el aire
que te habita solo un
instante. Me gustaría ser así de imperceptible
& así de necesaria.

 

La mujer que no podía vivir con su corazón defectuoso

No me refiero al símbolo
del amor, una figura de azúcar

para decorar tortas,
el corazón que supuestamente
se entrega o se rompe;
me refiero a este pedazo de músculo
que se contrae como un bíceps despellejado,
azul violáceo, con su cubierta de grasa,
su cubierta de cartílago, este recluso,
este eremita en su caverna, tortuga
sin caparazón, esta bocanada de sangre,
plato lleno insatisfecho.
Todos los corazones flotan
en sus hondos océanos sin luz,
de un negro viscoso, reluciente,
sus cuatro bocas jadeando como peces.
Dicen que los corazones palpitan,
lo cual es de esperar, su continua
batalla para evitar ahogarse.
Pero la mayoría de los corazones dicen: quiero,
quiero, quiero, quiero. Mi corazón
tiene dos caras
aunque no gemelas como pensé alguna vez.
Dice: quiero, no quiero,
quiero, y después se queda callado.
Me obliga a escuchar,
y a la noche es el tercer ojo
infrarrojo que sigue abierto
mientras los otros dos duermen,
pero se niega a contar lo que vio.
Es un zumbido constante
en mis oídos, una polilla atrapada, tambor destemplado,
el puño de un nene pegándose
contra el colchón de resortes:
quiero, no quiero.
¿Cómo se puede vivir con semejante corazón?
Hace rato que dejé de cantarle,
nada lo va a contentar ni apaciguar.
Una noche le voy a decir:
corazón, quedate quieto,
y lo va a hacer.

Comenzás

Comenzás así:
esta es tu mano,
este es tu ojo,
esto es un pez, liso y azul
sobre el papel, casi
la forma de un ojo.
Esta es tu boca, esto es una O,
o la luna, lo que
prefieras. Esto es amarillo.
Al otro lado de la ventana
está la lluvia, verde
porque es verano, y más atrás
árboles y después el mundo,
que es redondo y tiene apenas
los colores de estos nueve crayones.
Este es el mundo, más completo
y difícil de aprender que lo que acabo de decir.
Tenés razón en borronearlo así
con rojo y arriba
naranja: el mundo se está incendiando.
Cuando te hayas aprendido estas palabras
aprenderás que hay más
palabras que las que podés aprender.
La palabra mano flota encima de tu mano
como una nubecita sobre un lago.
La palabra mano ancla
tu mano a esta mesa,
tu mano es una piedra cálida
que sostengo entre dos palabras.
Esta es tu mano, estas son mis manos, este es el mundo,
que es redondo en vez de plano y tiene más colores
que los que podemos ver.
Comienza, tiene un fin,
eso es a lo que vas
a regresar, esta es tu mano.

La mujer hace las paces con su corazón defectuoso

No era tu ritmo contrahecho
lo que no te podía perdonar, ni esa cabeza roja

de buitre despellejado
sino todo lo que ocultaste:
cinco palabras y el anillo de oro
que perdí, y la taza azul tan linda
que dijiste que se había roto,
esa pila de caras, grises
y dobladas, que asegurabas
que los dos habíamos olvidado,
los otros corazones que te comiste,
y todo ese tiempo tirado que me ocultaste
diciendo que nunca pasó.
Eso, y que no te dejaras atrapar,
hábil pájaro desplumado, oronda ave rapaz
con esa canción ronca y desinflada,
tus garras y ese ojo ávido
al acecho en lo alto, en el cielo encendido
del atardecer, bajo la tela de mi pecho izquierdo
para saltarle encima a los extraños.
¿Cuántas veces te lo dije?
El mundo civilizado es un zoológico,
no una jungla, quedate en tu jaula.
Y después los gritos
de sangre, la furia al arrojarte
contra mis costillas.
Por mi parte, contenta te habría
estrangulado con ambas manos,
te habría estrujado hasta cerrarte, con
tus aullidos de alegría y todo.
La vida es más tranquila sin corazón,
sin ese emblema haragán,
ese león pulguiento, urraca, águila
caníbal, escorpión lleno de trucos metálicos
de odio, esa magia vulgar,
ese órgano del tamaño y color
de una rata escaldada,
ese fénix chamuscado.
Pero me empujaste hasta acá,
viejo bobo, y estamos atados
el uno al otro como conspiradores, que es
lo que somos, e igual de desconfiados.
Los dos sabemos que, salvo imprevistos,
a la larga uno
traicionará al otro; cuando eso pase,
a mí me toca la urna, a vos un frasco.
Hasta entonces, esta es una frágil tregua
de honor entre criminales.